Robótica Educativa

La idea fue compleja en un comienzo pero al poco andar, a medida que se trabajaba con los niños, poco a poco el perfil que se buscaba formar en cada uno de ellos surgió a través la práctica misma.

Hubo quienes se interesaron más en armar cada «cofiguración» ó robot que en jugar con ellos.

Un objetivo fundamental se evidenció en la primera sesión, educar para aprender a trabajar en equipo. Unos observaban los esquemas y otros leían las instrucciones, mientras quienes poseen más desarrollada su habilidad psicomotríz más fina, se dedicaban a manipular las diferentes piezas de cada robot. No hubo necesidad de indicarles qué hacer, cada cual se encargó de encontrar la actividad más cómoda.

A través de la observación también se aprende..

Lentamente, a medida que se armaban las configuraciones o robots, cada cual asumió una labor bastante definida, a partir de ese momento se organizaron tres grupos: los Ingeniero, es decir, quienes armaban los equipos; los operadores quienes jugaban con estos pequeños vehículos y los programadores, es decir, los que quieren aprender el còmo crear secuencias de acciones o de movimientos y que sean ejecutadas por los mismos. Este grupo es el más pequeño.

Un operador necesita aprender a utilizar los comandos digitales que se cargan en un Tablet a través de un APP

Después de muchas sesiones de juego y de armado, otras necesidades surgieron, y la principal se relacionó con el mantenimiendo de cada equipo, y ésto encontró a voluntarios que comenzaron a desmontar ejes y ruedas, orugas y tornillos con la intención de mejorar la movilidad de cada uno de ellos.

La niñas se destacaron mucho más que los niños por armar un insecto robótico bastante complejo por construir. Pronto tendrán que redactar un manual de uso, el bicho mecánico se mueve según la intensidad de las caricias que sienta en su cabecita. Es obvio que el sensor responde a la fuerza aplicada en ese espacio.

Hasta este momento cada robot es un vehículo con ruedas, tornillo y tuercas, a parte de sus servo motores, sensores y cablería, pero el insecto que las niñas tuvieron que armar rompió la lógica de todos. No hay ruedas solo patitas y luces de colores. No responde a Joystik, sí a caricias y a movimientos bruscos y suaves, todo un desafío para ellas.

La sensibilidad de este insecto robótio es extrema, hemos aprender de él.